La grandeza de las cosas pequeñas

No hay grandeza en la tarde, ni en el ocio
que la tarde me entrega y que he gastado
en buscar algo grande en el entorno
que ahora envuelve mi tiempo. Y después de la música,
y de mucho tabaco, y de dar muchas vueltas
por mi vieja memoria y por la casa,
he encontrado en un libro algunas fotos
de una tarde tranquila como ésta
en las que estoy fumando en la terraza.

Y al mirar esas fotos todavía recientes
de un momento trivial como este mismo,
una extraña emoción adorna los objetos
que desde allí me observan, y que voy comparando
con lo que son ahora: las macetas
han cambiado de sitio, ya se han muerto las flores
que crecían entonces, y entre otros detalles
sin ninguna importancia que mi mano mudó
al correr de los días, descubro ahora que es la mano
que sostiene el cigarro y parece la misma
lo que más ha cambiado, pues pertenece a un hombre
que soñaba un futuro diferente
para el que hoy lo mira, y se sonríe,
y alimenta otros sueños, y comprende
que también pasarán los de este día,
y aún contempla la tarde que se escapa,
y en ella al fin percibe, durante un solo instante,
esa extraña grandeza
que al pasar pone el tiempo en las cosas pequeñas.


Poema de Vicente Gallego

Conversación

Los muertos pocas veces libertad
alcanzáis a tener, pero la noche
que regresáis es vuestra,
vuestra completamente.

Amada mía, remordimiento mío,
la nuit c’est toi cuando estoy solo
y vuelves tú, comienzas
en tus retratos a reconocerme.

¿Qué daño me recuerda tu sonrisa?
¿Y cuál dureza mía está en tus ojos?
¿Me tranquilizas porque estuve cerca
de ti en algún momento?

La parte de tu muerte que me doy,
la parte de tu muerte que yo puse
de mi cosecha, cómo poder pagártela...
Ni la parte de vida que tuvimos juntos.

Cómo poder saber que has perdonado,
conmigo sola en el lugar del crimen?
Cómo poder dormir, mientras que tú tiritas
en el rincón más triste de mi cuarto?


Poema de Jaime Gil de Biedma


Febril

Sé involuntaria
Sé febril
Olvida en la cama hasta tu propio idioma
No pidas
No preguntes
Arrebata y exige
Sé una perra
Sé una alimaña
Resuella busca abrasa brama gime
Atérrate, mete la mano en el abismo
Remueve tu deseo como una herida fresca
Piensa o musita o grita
¡Venganza!
Se una perdida, amor, una perdida
En el amor no existe lo verdadero
sin lo irreparable.

Imagina lo contrario

IMAGINA la oscuridad.
El horror dispara sus minutos a la velocidad de la metralla.
Las sirenas crecen como aullidos de chacales,
los gemidos retumban entre los escombros, clavan sus esquirlas.
Imagina tus lágrimas como bayonetas,
desahuciadas de todo consuelo, de toda piedad.
Refugios rebosando de miedo, temblando de miedo
mientras los cadáveres elevan sus montañas,
mientras los bombarderos gotean constelaciones en las aceras.
Imagina el aire entrándote, invadiéndote de muerte.
Se pulverizan árboles y bibliotecas;
se desgarran cuerpos y muros,
se mutilan recuerdos y palabras;
se siembran minas, terrores y esqueletos de pájaros.
Imagina la orfandad de las cosas. El llanto de las cosas.
Imagina cómo los héroes se envuelven en capas escarlatas.
Cómo los verdugos despliegan alfombras escarlatas.
Cómo las víctimas se ahogan en manantiales escarlatas.
Y cómo el espanto, la venganza, el odio
ganan batallas en tu corazón sobrecogido.
Estás en medio del recinto inexpugnable del pánico.
Y eres tú quien orquesta los crímenes.
Porque has sido tú.
Tú, que eres capaz de imaginar,
de sentir todo lo que imaginas,
de fabricar todo lo que sientes,
de construir realidades con los sueños
quién ha dado vida al horror.
Por eso, atrévete a cambiar la estructura
del mundo
y donde dices temor di esperanza
porque las lágrimas también son de alegría.
Porque la sangre también es nacimiento.
Porque la belleza también es sobrecogedora
y el amor un potente estallido.
Por eso, atrévete.
Apacigua tu mente,
ilumina tus ojos,
imagina justicia.
Imagina consuelo.
Imagina bondad.

Poema de Ana Rossetti


Dánzame

El error no subyace en la intención sino en el hecho

Dánzame. Es un día de curvas que se prolongan
al fragmentarse mi beso de saliva lluviosa
el trajín más artesano de la boca.

Odio perfecto ...

Hay suficiente traición y odio, violencia,
necedad en el ser humano corriente
como para abastecer cualquier ejercito
o cualquier jornada.

Y los mejores asesinos son aquellos
que predican en su contra.
Y los que mejor odian son aquellos
que predican amor.

Y los que mejor luchan en la guerra
son -al final- aquellos que predican paz.
Aquellos que hablan de Dios
necesitan a Dios.

Aquellos que predican paz
no tienen paz.
Aquellos que predican amor
no tienen amor.

Cuidado con los predicadores
cuidado con los que saben.
Cuidado con aquellos que están
siempre leyendo libros.

Cuidado con aquellos que detestan
la pobreza o están orgullosos de ella.
Cuidado con aquellos de alabanza rápida
pues necesitan que se les alabe a cambio.

Cuidado con aquellos que censuran con rapidez:
tienen miedo de lo que no conocen.
Cuidado con aquellos que buscan constantes multitudes;
no son nada solos.

Cuidado con el hombre corriente
con la mujer corriente.
Cuidado con su amor.
Su amor es corriente, busca lo corriente.

Pero es un genio al odiar
es lo suficientemente genial
al odiar como para matarte,
como para matar a cualquiera.

Al no querer la soledad
al no entender la soledad
intentarán destruir cualquier cosa
que difiera de lo suyo.

Al no ser capaces de crear arte
no entenderán el arte.
Considerarán su fracaso como creadores
sólo como un fracaso del mundo.

Al no ser capaces de amar plenamente
creerán que tu amor es incompleto
y entonces te odiarán.
Y su odio será perfecto.

Como un diamante resplandeciente,
como una navaja,
como una montaña,
como un tigre,
como cicuta,
Su mejor arte.


Charles Bukowski


Nazco cuando tu vista me recorre

Nazco cuando tu vista me recorre.

Nada soy
hasta que tu mirada me construye,
hasta que tus ojos me modelan
sin saber si soy amigo o enemigo.

Porque aquí en el papel agazapado,
sólo espero el fulgor de una mirada
para clavar mis letras en tus ojos,
para hundirme hasta el fondo en tus entrañas
quebrantando la paz de tus sentidos.

¿Acaso esperabas un suave remanso de prados floridos,
una nube blanca con ángeles mansos,
una cristalina música de piano?

Quiero saltar, poseerte y habitarte
como habita la flecha el corazón herido.
Es decir, quiero ser tú, compartirte.

Garra soy, ala afilada,
el fuego en que has de arder,
el agua en que ahogarte,
el abismo sin fondo en el que hundirte.

Subiré por tu sangre envenenándote.
Recorreré tu carne desgarrándola
como felino hambriento y excitado.

También ansío acariciarte, mas ¡cuidado!,
que es toda garra siempre peligrosa
aun cuando sea amor lo que la mueve.

Esto soy: El poema. A ti me entrego.
En ti me reconozco y me diluyo.
A ti te pertenezco. Por ti existo.
Único, irrepetible, tus ojos me crearon
para ser tu verdugo o el agua de tus mares.

De El Rostro Prohibido

Miraré a tu sombra ...


“Miraré a tu sombra si no quisieras que te mire. Quiero estar donde estará mi sombra, si allí estuvieran tus ojos”.

De El evangelio según Jesucristo de José Saramago

Yo te ofrezco

Yo te ofrezco lo que a nadie
porque tus pasos arrastran incógnitas que quiero deshojar,
pero tienes los pétalos bien pegados a la tierra:
un sí-no-sí-no clavado como Excálibur.


¡Mira esas aves!
Solo bajan al suelo lo imprescindible.



De “Los pájaros que crié en tu nombre”.

Amor

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Poema de Lope de Vega


Vértigo

Duermes al borde siempre
del mismo precipicio.

De pronto a veces saltas hacia atrás.

Y aunque por el momento te libras de caer,
no te libras del vértigo.

Una reflexión

“Si amas la poesía, no vayas nunca a conocer al poeta, porque te sentirás decepcionado”.

Amor ...

Permitid que el enlace de las almas fieles no admita impedimentos.

No es amor un amor que cambia cuando un cambio encuentra
o en la distancia a distanciarse tiende
¡Oh no!
es un faro impertubable que contempla las tempestades
y nunca se estremece



Soneto 116 de William Shakespeare

Restauración de la capacidad de asombro

Posiblemente hablar por teléfono es algo tan normal, tan natural en la vida moderna, que apenas podemos ver en ello alguna significación profunda. Sin embargo, mi teoría es que nosotros, gente moderna, tendemos demasiado a pasar por alto el poder mágico, la realidad milagrosa de muchas cosas ... A veces me dan ganas de fundar una "Hermandad para la restauración de la capacidad de asombro".

Así pues, el que tú me llames es algo que no se puede juzgar de acuerdo con las ideas de siempre de "telefonear", "hacer una llamada", etc. Externamente no es nada más que eso: una de las billones de llamadas ... Pero en mi alma y en mi vida es un hecho individual, único, incomparable a otro. ¿Cambian algo cinco, diez minutos de conversación en la tónica, el resultado vital de un día que consta de veinticuatro horas? Definitivamente para mí lo cambian todo. Al fin y al cabo, la vida es la suma del día a día y el día en que hablo contigo nunca será un día perdido. No importa si tenemos cosas importantes que decirnos o no. Cuando hablamos, para mi las palabras son tan sólo lo que las ramas de los arboles o los cables del telégrafo para los pájaros: el soporte material de las alas y el canto. Tu voz es para mí canción para el alma ...


Pedro Salinas "Cartas a Katherine Whitmore".


"Cartas a Katherine Whitmore", editado por Tusquets en el año 2002, que recoge, ordenadas por Enric Bou, más de ciento cincuenta cartas de las más de trescientas hasta ahora inéditas dirigidas por Pedro Salinas a la profesora estadounidense, a la que conoció en el verano de 1932, y cuya relación amorosa perduraría durante más de quince años, hasta ese fatídico día en que, enterada de las cosas, la esposa del poeta intentó suicidarse. Aquella incendiaria -pero platónica- relación a distancia, en la que el poeta acabaría encontrando su "infinito", no tardó en convertirse en el epicentro de los más conmovedores poemarios de amor nacidos de la mano de Salinas.

Dame

Dame una mentira enorme, que haga temblar los pulsos de la edad
con su pisada grave y significativa,
que espante de mí los pájaros negros y los gusanos
que cosecho sin proponérmelo en la dársena del miedo
y se las arregle para hacerme creer que el hombre puede salir de sí,
ser uno con la mujer y amarla sin destruirse.
Algo que dure un momento y venga de tus labios,
para que yo me esconda y los altivos y los necios no me vean.
Detrás de esos frágiles decorados vivirá feliz y pequeñito,
lejos del tedio y de los ojos que escrutan en la noche.
Sin miedo al silencio y a las fieras,
luego que la mentira fuese pronunciada,
como por un hechizo efímero correrían los talones del infortunio
y ni él, ni la miseria, pescarían ya nada en mis sentidos embotados.
La angustia del hombre ardería como bruja-fénix
y estos ojos y estas pobres manos que rezan sin llegar
al rabo de Dios en las alturas, arrojarían al suelo,
deshecho, el viejo corazón de la amargura,
contentos en su careta nueva.
Dame una mentira enorme,
que haga girar al revés el tiempo en los relojes
y arrúllame en ella,
hasta que en mis labios aparezca
la helada sonrisa del idiota.

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"He aquí que el silencio fue integrado
por el total de la palabra humana,
y no hablar es morir entre los seres:
se hace lenguaje hasta la cabellera,
habla la boca sin mover los labios,
los ojos de repente son palabras...

...Yo tomo la palabra y la recorro
como si fuera sólo forma humana,
me embelesan sus líneas
y navego en cada resonancia del idioma..."

Pablo Neruda
(Chile, 1904 -1973)

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