24 meses, 24 poemas

En esta primavera, amor, todo son nubes.

Son negras nubes de algodón negro,

De oscuros presagios, de ciudad sin faroles.

En esta primavera amor no vemos las luces

Que alumbren el camino que otra primavera forjamos.

En esta primavera, amor, en la que los buitres afilan sus garras

En las que el frio plateado de la navaja clama venganza

Entre las piernas de alguna mujer.

Parece que a los sueños los hubiese atropellado

Un hasta mañana.

¿Pero saldrá el sol ?

¿Por qué aquí no, si sale en el Ártico?

Subir la montaña de los silencios

Hasta llegar a la cumbre y ver las nubes bajo los pies,

Por muy negras que las creyésemos

quedaran a tus pies aunque sea solo por un sueño,
por una noche.

Y al regresarA la realidad del dia a dia

Tendremos fuerzas para mirarlas y soplar

Y alejarlas para volver a ver el cielo limpio

Azul, poderoso, tintando de paz tus días

y Estrellado en la noche para que tengas el poder

De crear el sortilegio que haga realidad cualquier deseo.

Amor, en los días de cielo oscuro cúbrete

Y toma la escalera hacia tu cielo particular.

A veces

A veces la realidad descompone el alma,
va buscando las imperceptible liviandad de las costuras
que el paso de años va dejando
para abrirlas, casi sin doler,
como una caricia
que nos dirige a la muerte mas dulce.

A Veces la realidad es solo eso
Realidad.
Maremágnum de acontecimientos
sin un hilo conductor definido
que nos envuelve a cada instante
consiguiendo que nos convirtamos
en seres irreales
en visitantes del cuarto de los espejos
de una feria,
de esta feria que se llama vida.

Soledad

En ti estás todo, mar, y sin embargo,
¡qué sin ti estás, qué solo,
qué lejos, siempre, de ti mismo!
Abierto en mil heridas, cada instante,
cual mi frente,
tus olas van, como mis pensamientos,
y vienen, van y vienen,
besándose, apartándose,
en un eterno conocerse,
mar, y desconocerse.
Eres tú, y no lo sabes,
tu corazón te late y no lo siente...
¡Qué plenitud de soledad, mar sólo!

Poema de Juan Ramón Jiménez

Breves acotaciones para una biografia

Cuando tengas dinero regálame un anillo,
cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca,
cuando no sepas qué hacer vente conmigo
—pero luego no digas que no sabes lo que haces.
Haces haces de leña en las mañanas
y se te vuelven flores en los brazos.
Yo te sostengo asida por los pétalos,
como te muevas te arrancaré el aroma.
Pero ya te lo dije:
cuando quieras marcharte esta es la puerta:
se llama Ángel y conduce al llanto.

Canción de amor para el camino

¿Lo pisado es lo perdido,
lo por pisar el encuentro?
En saber por dónde vamos
consiste, amor, nuestro juego.

Tierra de donde venimos,
por donde fuimos viniendo,
por donde vamos, camino
de donde no volveremos.

Caminando escuchamos
los propios ecos.
Nada ni nadie somos
al detenernos.

Si la vida es camino,
caminaremos.
Yo, conmigo y contigo.
Tú, con mis sueños.


Poema de Antonio Murciano

Luces apagadas

La oscuridad reclama en cuanto llega
un orden para el mundo.

Se lo daría, si pudiese,
igual que puedo darle mi cadena de azares,
un nombre a algún presagio aleteante,
el mapa descifrado de mi limbo
y aun la gratitud que no le debo.

Nunca llega de pronto sino que desvanece
el tejido de fondo de los días
como si sumergiera
un cuerpo en la mirada que lo sigue.

La oscuridad precede a cuanto toca.
Y si finge lanzarse como un ave de presa
sobre tu cuarto solo,
si amenaza su salto de repente,
no creas en su caída,
no temas su ala trampa,
hazle un hueco.


Poema de Luis Muñoz

Sencillo y complicado

No sé si cuando espero, a la vez convoco algo
o a alguien.
Los brotes tiernos de una rama,
los nudos afilados que no punzan,
como la luz del día
o el olvido deseado del amor.
Como todo lo que es cuestión de tiempo.

Esperar se supone que es ser hacia adelante,
pero es también volver a un ámbito sombrío.
Donde se chocan ciegos,
igual que pececillos moribundos,
lo que se cumple tarde y lo que nunca llega,
lo que se quiere aún y lo que se desdeña.
En el agua podrida de una charca.


Poema de Luis Muñoz

Uno Es mar porque está vivo

Uno es mar porque está vivo
Deambula por los andenes 
con una maleta rota
(Anoche escapaba
un pez de tus pupilas)
Desterrado 
a orillas de la noche infernal 
enredado entre las algas
(Anoche un náufrago 
gritaba en tus pupilas)

Alejandra Ziebrecht  (Chile 1959 -)

Fetichismo

Fetichismo

Esclava del capricho
de tu extraño demonio,
del ornato requieres en tu entrega desnuda:
seda negra
sobre negros tacones para el descalzo amor.

Pero lo más extraño es que un demonio,
cuyos caprichos cumplo esclavizado,
ante tu negra seda truena y gime,
clavado en el arpón de la lujuria.

El color de la sombra que seremos
nos enciende en la cama y, más extrañas,
nuestras sombras propician la concordia
con que tú y yo robamos
un placer tortuoso a la inocente seda.

Seda negra en tu cuerpo
para abrigar el alma,
y en la margen del río que nos lleva,
el oasis remoto donde el instinto busca
claro cauce en su noche.
Y en la noche cerrada del deseo
mendiga nuestra fiebre su limosna de aurora.

No hay nada que entender en los antojos
de los fieles demonios que en nosotros gobiernan,
tan sólo su obediencia nos reclama
y está bien que así sea,
está bien que el misterio anteceda al misterio
negra
seda negra
sobre tu blanca carne, negra
seda negra como el oscuro amor,
como el oscuro
origen de la luz que en nuestro cielo
brilla sólo un instante y se hace oscura.

Ofertas de Viajes

Se querían

Se querían.
Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.

Se querían como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.

Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.

Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente sólo.

Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando...
se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.

Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.

Amando. Se querían como la luna lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.

Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.

El combate de Don Carnal y Doña Cuaresma

Acercándose viene un tiempo de Dios, santo;
fuime para mi tierra a descansar un cuanto,
de entonces a ocho días era Cuaresma, tanto
que puso por él mundo gran miedo y gran espanto.
Estando yo en la mesa con don Jueves Lardero, Desafío que
entregóme dos cartas un rápido trotero; la Cuaresma
diré lo que decían, mas no lo haré ligero hizo a don
pues las cartas, leídas, devolví al mensajero. Carnal.
De mí, Santa Cuaresma, sierva del Criador
y por Dios enviada a todo pecador,
a todos arciprestes y curas sin amor
salud en Jesucristo, hasta Pascua Mayor.
Sabed que me dijeron que, hace cerca de un año,
se muestra don Carnal muy sañudo y huraño,
devastando mis tierras, haciendo muy gran daño,
vertiendo mucha sangre; con disgusto me extraño.
Y por esta razón, en virtud de obediencia,
os mando firmemente, so pena de sentencia,
que por mí, por mi Ayuno y por mi Penitencia,
vos le desafiéis con mi carta de creencia.
Decidle sin rodeos que de hoy en siete días,
la mi persona misma, con las mis compañías,
iremos a luchar con él y sus porfías;
temo no se detenga en sus carnicerías.
Devolved al trotero la carta ya leída;
que la muestre a la gente, no la lleve escondida;
que no digan después que no fue conocida.
Fechada en Castro Urdiales y en Burgos recibida.
Otra carta traía abierta y bien sellada,
una concha muy grande de la carta colgada,
que era el sello usual de la dama nombrada;
la nota es la que sigue, a don Carnal mandada:
De mi, doña Cuaresma, justicia de la mar,
alguacil de las almas que se habrán de salvar,
a ti, Carnal goloso, que nunca te has de hartar,
el Ayuno en mi nombre, te va a desafiar.
De hoy en siete días, a ti y a tu mesnada
haré que en campo abierto batalla sea dada;
hasta el Sábado Santo habrá lid continuada,
de muerte o de prisión no tendrás escapada.
Leídas ambas cartas, comprendí lo ordenado,
vi que a mí me tocaba cumplir este mandado
pues no tenía amor ni estaba enamorado;
a mi huésped y a mí nos puso en gran cuidado.
Yo tenía a don Jueves por huésped a mi mesa;
alzóse bien alegre, de lo que no me pesa.
Dijo: -Yo seré alférez contra la infeliz esa;
yo lucharé con ella, pues me tienta la empresa.
Después de darme gracias por el mi gran convid,
fuese. Yo escribí carta y al Viernes dije: ;Id
a ver a don Carnal, todo esto le decid;
que venga preparado el martes a la lid.;
Las cartas recibidas, don Carnal orgulloso,
mostrábase esforzado, pero estaba medroso;
no quiso dar respuesta y vino presuroso
con una gran mesnada, pues era poderoso.
Amaneciendo el día del plazo señalado, Ejercito de
acudió don Carnal, valiente y esforzado, don Carnal.
de gentes bien armadas muy bien acompañado;
Alejandro, ante ellas, mostraría su agrado.
Puso en las avanzadas muchos buenos peones,
gallinas y perdices, conejos y capones,
ánades y lavancos y gordos ansarones;
allí se ejercitaban, cerca de los tizones.
Traían buenas lanzas de peón delantero,
espetos muy cumplidos, de hierro y de madero,
escudábanse todos con el gran tajadero;
en perfecta comida, ellos vienen primero.
Detrás de los citados, están los ballesteros,
los patos, las cecinas, costillas de carneros,
piernas de puerco fresco, los jamones enteros;
detrás de todos éstos vienen los caballeros.
Las tajadas de vaca; lechones y cabritos
que por allí saltaban y daban grandes gritos.
Luego, los escuderos: muchos quesuelos fritos
que dan con las espuelas a los vinos bien tintos.
Seguía una mesnada nutrida de infanzones:
numerosos faisanes, los lozanos pavones
ricamente adornados, enhiestos sus pendones,
con sus armas extrañas y fuertes guarniciones.
Eran muy bien labradas, templadas y muy finas.
Ollas de puro cobre traen por capellinas;
por adargas, calderas, sartenes y cocinas.
¡Campamento tan rico no tienen las sardinas!
Vinieron muchos gamos y el fuerte jabalí:
Señor, en esta guerra, no prescindas de mí,
puesto que muchas veces lidié con don Alí;
soy ducho en el combate y siempre en él valí.
No había terminado de pronunciar su verbo,
cuando he aquí que viene, velocísimo el ciervo.
Dijo: Señor, me humillo ante ti, leal siervo;
para poder servirte, ¿no soy acaso ciervo?
A la revista acude, muy ligera, la liebre;
-Señor, a la enemiga yo le causaré fiebre
con sarna y con diviesos y haré que no se acuerde
sino de mi pelleja cuando alguno le quiebre.
Vino el chivo montés con corzas y torcazas,
profiriendo bravuras con muchas amenazas:
-Señor -dijo-, si a ella conmigo la entrelazas
no te hará mucho daño, aun con sus espinazas.
Se acercó paso a paso el viejo buey lindero:
-Señor -dijo-, a pastar me echa hoy el yuguero
porque ya no le sirvo en labranza o sendero
pero te haré servicio con mi carne y mi cuero
Estaba don Tocino con mucha otra cecina,
tajadillos y lomos, henchida la cocina,
todos muy bien dispuestos para la lid marina.
La Cuaresma, más lenta, demostró ser ladina.
Como es don Carnal muy grande emperador
y tiene por el mundo poder como señor,
las aves y las reses, por respeto y amor,
se presentan humildes, pero tienen temor.
Estaba don Carnal ricamente instalado
en mesa bien provista, sobre opulento estrado;
los juglares, ante él, cual señor venerado;
de todos los manjares estaba bien colmado.
Delante de sí tiene a su alférez humil,
hincada la rodilla, en la mano el barril
con que a menudo toca el son trompeteril;
hablaba mucho el vino, de todos alguacil.
Cuando vino la noche, ya después de la cena,
cuando todos tenían la talega bien llena,
para entrar en contienda con la rival serena,
dormidos se quedaron todos enhorabuena.
Esa noche, los gallos miedosos estuvieron,
velaron con espanto, ni un punto se durmieron
lo que no es maravilla, pues sus hembras murieron,
y así, se alborotaron del ruido que oyeron.
Hacia la media noche, en medio de las salas, Doña Cuaresma
entró doña Cuaresma, ¡Señor, Dios, Tú nos valgas! sorprende dormidos
Dieron voces los gallos y batieron sus alas; a don Carnal y a su
a don Carnal llegaron estas noticias malas. ejército.
Como había el buen hombre muy de sobra comido
y, con la mucha carne, mucho vino bebido,
estaba abotargado, estaba adormecido;
por todo el real suena de alarma el alarido.
Todos amodorrados fueron a la pelea;
forman las unidades mas ninguno guerrea.
La tropa de la mar bien sus armas menea
y lanzáronse a herir todos, diciendo: ¡Ea!
El primero de todos que hirió a don Carnal Combate entre los
fue el puerro cuelliblanco, y dejólo muy mal, ejércitos de ambos
le obligó a escupir flema; ésta fue la señal. combatientes y
Pensó doña Cuaresma que era suyo el real. descripción del de
doña Cuaresma.
Vino luego en su ayuda la salada sardina
que hirió muy reciamente a la gruesa gallina,
se atravesó en su pico ahogándola aína;
después, a don Carnal quebró la capellina.
Vinieron muchas mielgas en esta delantera,
los verdeles y jibias son, del flanco, barrera;
dura está la pelea, de muy mala manera,
caía en cada bando mucha buena mollera.
De parte de Valencia venían las anguilas,
saladas y curadas, en grandes manadillas;
daban a don Carnal por entre las costillas,
las truchas de Alberche dábanle en las mejillas.
Andaba allí el atún, como un bravo león,
encontró a don Tocino, díjole gran baldón;
si no es por la cecina que desvió el pendón,
a don Lardón le diera en pleno corazón.
De parte de Bayona venían los cazones
que mataron perdices y castraron capones;
desde el río de Henares venían camarones,
hasta el Guadalquivir llegan sus tendejones.
Allí, con los lavancos, lidiaban barbos, peces;
la pescada habla al cerdo:¿Do estás que no apareces?
Si vienes ante mí, te haré lo que mereces.
Métete en la Mezquita, no vayas a las preces.
Allí viene la lija, en aquel desbarato,
tiene el cuero muy duro, con mucho garabato;
a costillas y a piernas dábales muy mal rato,
enganchándose en ellas, como si fuera gato.
Acudieron del mar, de pantanos y charcos,
especies muy extrañas y de diversos marcos,
traían armas fuertes y ballestas y arcos:
¡negra lucha fue aquesta, peor que la de Alarcos!

***

Heridas
Las palabras producen heridas
parecidas a la rajadura del mármol.
Son frías a los ojos,
pero dejan el corazón deshabitado,
las manos quietas
y la interrogación
interrogando
incesante
lapidaria,
trepanando los sesos.




Lamento
Cuando el alma se desnivela
rugen todos los leones.
El bosque se pone umbrío
un alarido sospechoso
recuerda: el costado
el filo
la rajadura.
El motivo del lamento
del pájaro más hermoso.




Graciela Wencelblat Wainbuch

Semper Eadem

No he de apagar la luz
para pensar en ti: a pleno día
y ande haciendo lo que haga
(deambular por los parques, mirar nubes,
contestar a unas cartas, romper versos,
retener cuanto graban en el contestador,
bromear con el hijo, ver que llueve
y apenas lo registran mis calizos terrones
pues que la reja de tu sonreír
hace días que falta),
no afecta a tu presencia cercana o venidera,
eje y razón y fuerza y calor míos.

En las encrucijadas más confusas del sueño
oscuramente sé de tu vivir. Y cuando
la madrugada, a veces, mi dormir interrumpe
anunciando borrasca,
me oriento por el faro
de tu claro vivir siempre al alcance.


Poema de Antonio Martínez Sarrión

Riquezas

Unos sostienen sus huertos oreados,
sus panales, sus eras y sus viñas,
mas no conocen las fases del mosto.
Yo no te tengo más que a ti.
Otros tienen sus flotas y arsenales
y capean temporales en la Bolsa
durmiendo entre unos brazos mercenarios.
Yo no te tengo más que a ti.

Los demás tienen prisas y negocios
y tratan de llegar pronto a una cita
para que esta demencia continúe.
Yo no te tengo más que a ti.


Poema de Antonio Martínez Sarrión

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"He aquí que el silencio fue integrado
por el total de la palabra humana,
y no hablar es morir entre los seres:
se hace lenguaje hasta la cabellera,
habla la boca sin mover los labios,
los ojos de repente son palabras...

...Yo tomo la palabra y la recorro
como si fuera sólo forma humana,
me embelesan sus líneas
y navego en cada resonancia del idioma..."

Pablo Neruda
(Chile, 1904 -1973)

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