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De aquellos tiempos que las princesas no miraban a los ogros (Zaid Narf)


 

Quizás un día las princesas miren a los ogros
Con el generoso respeto de los que se ven iguales.
Quizás un día los cuentos que me cuentas
sean solo eso, cuentos,  Y podamos romper,
sin temor a maldiciones, espejos mágicos
 Que reclaman  tu poder Y el final de mis días.
Quizás ese día los besos serán contratos
Que  estremezcan los sueños silentes,
El abrazo una promesa para el día siguiente,
Amar algo más que una señal de fuego fatuo

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Escupe (Zaid Narf)

Escúpeme, quizás sea la manera de crecer
deja de masticar los trozos ya rancios de mi carne
y escupeme.

No, no seré una planta que crezca casi desde la nada
ni tampoco me regenerare como rabo de lagartija
pero seré libre para caer en cualquier lado
libre de dentelladas y sediento de la saliva
que baña mi cuerpo en tu boca.

Escúpeme,  Se que mi sabor ya no llena
como antes, ni es el preferido
escupeme, que pueda rodar en busca de otra boca
que pueda sacar lo que quede de mi
que aprecie lo que hay, ese sabor tirando a viejo
ese regusto a hombre orgulloso que un día
fue capaz  de epatar tus sentidos.

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Morire Solo (Zaid Narf)

Moriré solo al amanecer, cualquier dia.
Frente al fuego del infierno de la vida,
llegare a la nada, al polvo,
a la energía transformada.

Moriré solo, como se avista el mañana,
paseando de la mano de nadie
de camino a un final anunciado
un día en alguna primavera.

Moriré solo, sin unos ojos
a los que asirme como postrero
símbolo de resistencia
frente al triste destino.