Vamos por cai

Yo tenía una puerta del mar,
una playa en puntales,
un cortijo donde cortejar
entre bellos rosales,
un chiquillo aprendiendo a nadar
en la resbalaera,
tres mil almas saliendo quizás
al sonar la sirena,
un reloj junto a diputación
oscilando entre flores
frente a un muelle donde no paraban
los estibadores,
una casa de sino atestá
de geranios y jazmines,
y un Caleta que al barrio le dio
siempre noche sde cine,
Nicanor y la tienda la cabra,
el campo las balas,
angelitos que quieren al parque
llevar su velada,
un Batillo que a Cádiz enseñaba
todo su repertorio,
Tía Norica metiéndose el cuerno
por el escritorio,
un teatro relevando al Falla
juntito a la plaza
que en verano cedía las estrellas
al cine terraza,
el barril que alegró mi glorieta
antes que el McDonald,
el consuelo pa los gaditanos
es su hospital Mora.
Hoy te traigo yo aquí una canción,
la canción de que dios sepultara
ese Cai que yo quiero
con esas señas de identidad
que echo tanto de menos
y con esto ya dejo clarito a to los que dudáis
el por qué de que nuestra comparsa hoy viene por Cai
el por qué de que nuestra comparsa hoy viene por Cai
hoy viene por Cai, hoy viene por Cai.

Paco Cárdenas y Ramón Peñalver
"Vamos por Cai" 2005
_____


Presentacion.mp3 - vamos por cai

Soy muuu malagueña, pero estoy segura que mi segundo destino era Cádiz... MI CAI

A veces

Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.
Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!
Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
"Lo digo y no me corro".
Pero él disimulaba.

Ángel Gonzalez

Te conocí

Te conocí, porque al mirar la huella
de tu pie en el sendero,
me dolió el corazón que me pisaste.

Corrí loco; busqué por todo el día;
como un perro sin amo.

... ¡Te habías ido ya! Y tu pie pisaba
mi corazón, en un huir sin término,
cual si él fuera el camino
que te llevaba para siempre...

Juan Ramón Jiménez

reflexiono sobre mi vida

Como quien con la uña saquea una pera
así creyó que saqueaba la realidad;
en verdad dijo que las lluvias no lo contenían
y que las flores de jacarandá no lo contenían
y sintió como ráfagas en los techos
que la realidad vaciaba en el terreno verdadero, el
de las metáforas.
Empezó de nuevo:
como campanas que suenan en otra región
un ángel descendió sobre él y le dijo
nada queda de ti infeliz porque
creíste guardar tu tesoro de las analogías
y en verdad custodiabas una pista de maniobras abandonada
donde crece el cardón, azotan los alisios
y hay un como un rumor -gritos de amor- en los hangares vacíos.

Fue un placer, gran amigo,
feliz a cada momento
fuimos revoltosos

Como el viento
y muy dichosa contigo

Allí, conmigo, tu sonrisa
ese alboroto en tu pelo
las nubes y todo el cielo
cómplices de tu poetisa
hablamos de mil cosas
de tus planes, de mis niños,
tus abrazos de cariño
fue la alegría más luminosa.

No sé si eres mi adicción

Los sueños se fortalecen

El retorno, te pertenece
más te extraña mi corazón.

Antonia Ceada Acevedo

Vente toda desnuda

Dame ahora de nuevo
una tierna tormenta;
Y navega en mi ser
con tu barca de hembra.

Yo te estoy esperando
con el vino en mi mesa;
Y a pesar del invierno
en mi cama hay tibieza.

Dame un torrente de besos,
un anillo de eras,
Tu nocturno verano,
tus jardines sin riendas.

Vente toda florida...
con olor a ciruelas.
Ven cubierta de polen,
de semilla y riberas.

Ponte un verde cintillo,
un vestido de fiesta,
toma baño de luna,
se morena de estrellas.

Luego ven a mis sábanas
de viñas y almendras.
Vente toda desnuda...
mi deseo te espera.

cantos otoñales


Hoy soy la hoja de otoño
Caigo inane al suelo
Sintiendo el verdor aun vivo
En mi envés marcado por el tiempo.
Hoy soy la hoja que cae
En el cubo de la barrendera del barrio
.-“que hermosos son sus ojos”
Con deleite me mezo en su pala
Con pasión siento como me deposita
En el lecho de la basura de la que
Hoy sin duda soy ya parte.
.-“que dulce susurra canciones de amor”
No entiendo que me olvide
Que me quite la luz mientras camino
Quiero ver luz, quiero verla a ella
Quiero sentir sus pasos a mi lado
Porque son mis últimos pasos
Porque ya mi verdor se extingue
Porque mañana no seré
Más que un bonito recuerdo
Para el pájaro que un día se poso
En la rama de la que formaba parte.

EL OTOÑO PIENSA QUE ERES HOJA

I

Tu silueta descalza
en la orilla más diáfana
del río de la vida,
transluce por las calles
una eterna ternura
y una inmanente dulzura,
ilimitada, infinita.

Amor y tiempo se unen
cuando vas sonriendo.

Y la trascendencia
de mi alma asoleada
se queda enredada
en la paz de tu luz.

Y me voy por tu cuerpo
sin saber los caminos.

Sin saber mi destino.

Y las nieves del tiempo
suavemente caen
sobre tu desnudes.

Y pienso en ti
bajo el sol de la tarde,
y mis ojos se saturan
de una felicidad
ardiente y seca
y un caluroso deseo
se apodera de mí.

Y eres meramente ausencia:
eres un salar
reseco y llameante.

Y el frío de marzo
me hace preguntar:

¿Por qué vives?
¿Por qué no eres nada?
¿Por qué no te extingues?
¿Por qué no oscureces?
¿Por qué no te apagas?
¿Por qué no eres niebla?
¿Por qué no te acabas?
¿Por qué no eres bruma?

¿Por qué apareciste
un día frente a mí?

¿Por qué no eres fuego
que se consume al existir?


II

Como es bella la vida,
cuando caen las hojas.

Como es grato
pensar que eres hoja,
cuando caen las hojas.

Como es apacible
ir haciéndote
una cama en mi alma,
y acogerte
igual como el suelo
alberga las hojas.


III


Es otoño,
lo sé.

Se deshoja tu vida
en mi vida...

Y te vuelves hoja
y te caes toda,
amarilla y marchita,
sin ninguna belleza.

Solamente te mueres
y sólo porque es otoño.

El otoño te mata.
El otoño te borra.

El inexorable otoño.

Y no quiero que te mueras
como mueren las hojas.

Pero te vas muriendo,
y no puedo hacer nada.

Y mi amor se deshoja.

Y te vas quedando
igual que el follaje.

Y eres una estatua
desnuda y helada
en medio del otoño.

Y el otoño piensa
que eres hoja.

Haces de Luz

HACES DE LUZ

Recuerdo que una vez te di un poema
con los ojitos prietos y asordado,
que aún no llegaba a ser, que era un poema
en estado embrionario.

Se haría de mayor un buen soneto.
Qué habría sido de él si a cada paso
torpe y atropellado, si al boceto
de cada simple hallazgo

no lo esperara un molde de sorpresa,
de asombro rescatado, tu crisol
tallando calabazas en calesa
como quien ve algo nuevo bajo el Sol.

Y al fin creció y se alzó de entre el tumulto;
se irguió luciendo altivo el capirote
de las maneras propias del adulto:
a ser sin ser y a hacer sin que se note.

Pero cuando la luz de la mesilla
-tu lámpara genial, tu falsa luna-
se apaga a largo trecho de la orilla
y vuelve El Coco raudo hacia la cuna,
le apremian veinte toques en el hombro:
¿por qué no das la luz de un nuevo asombro?
Esther Gimenez, es una de las mejores plumas de las nuevas generaciones de poetas que viene. Esta Madrileña que aun no cumple 30 años nos descubre una poesia llena de frescura, seguro que en el futuro dara que hablar.

GRACELY SQUARE



Es un hermoso cuerpo ese que viene
hacia mí. Se detiene. Y me sonríe.

Qué bella esa sonrisa roja y húmeda
que se abre, como un sexo a mí ofrecido,
para preguntar algo que no entiendo.

Miro sus ojos claros. Pienso, mientras,
que su maravilloso cuerpo late
junto a mí. Están sus senos cercanísimos
a mi pecho y el vello en su entrepierna.

Se apretará, oprimido por las bragas,
que adivino adorables y minúsculas.
Y como un ruiseñor sonidos dulces
gorjea su garganta a mis oídos.

Ese increíble cuerpo habla conmigo.
Le respondo: «No sé». Se aparta el cuerpo
y veo que se alejan las caderas.

más perfectas de todo el universo.
He aprender inglés. Ahorita mismo.

El poema de amor que nunca escribiras

Debería nombrar (debería intentarlo)
el afán hasta hoy por ti dilapidado
en perseguir amor, que quizá fuera tanto
como el afán de huir, fatigado hasta el asco,
de todas las trastiendas, repletas de fracasos,
que los cuerpos arrastran, y en que nos arrastramos.

Debería acoger, dar lugar a unos labios
que nombraran sin fe, sólo de cuándo en cuándo
-por momentos, sinceros; por momentos, falsarios-
diálogos de alcoba que pareciesen tangos
(eso acaban por ser, o algo más triste acaso,
siempre que en la distancia solemos evocarlos):

De esta vida tan sucia, de sus trabajos vanos,
me consuela, mi amor, el fingir, fabulando,
otra eterna contigo, cogidos de la mano.
Y habría de alojar dictámenes sagrados,
con los que, ya bebidos, tanto nos excitamos:
De entre todas las perras que en la noche he tratado,

la más perra eres tú. Debería, malsano,
contener esas citas de los domingos vastos,
insulsas y festivas, amasadas de hartazgo,
en que la vida toda se obstina en maltratarnos,
con su aire de ramera experta en el contagio
del odio hacia la vida, del tedio y del cansancio.

No podrían faltar los cuerpos del verano,
cuando la adolescencia ardía por el tacto,
en especial aquél de todo lo vedado.
Ni habría de omitir el vicio solitario,
por el amor perdido en inventar los rasgos
del amor, que, entretanto, no dormía a tu lado.

Y en él habitarían con todo su sarcasmo
-al fin y al cabo son tristes muertos de antaño,
fragmentos de tu vida que salvas del naufragio-
las cartas sin respuesta; yesos aniversarios,
tiernamente ridículos después de celebrados,
que dejan en el alma aroma a mal teatro.

Y los reproches mutuos, merecidos y agrios,
dirigidos al centro del dolor, como un dardo
con toda la miseria que acarrean los años.
El placer del acoso, cuando el amor intacto,
y cuando la ignorancia, ese bálsamo arcano,
no señalaba límites al indudable ocaso.

El maldito poema tanto tiempo aplazado,
y que no escribirás, porque el tema es ingrato,
querría redimirte de todos tus letargos.
Una voz que te daña diría murmurando:
Del amor, amor mío, te quiero siempre esclavo,
para que tus palabras no tengan que inventarlo.

Quien a ese poema de amor dilapidado
incauto se atreviera, sin calcular el daño,
amaría el amor, probablemente tanto
como el afán de huir, fatigado hasta el asco,
de todas las trastiendas, repletas de fracasos,
que los cuerpos arrastran, y en que nos arrastramos.
Carlos Marzal ha sido escogido por una amiga en la biblioteca para su lectura. Yo, reconozco que no conozco al autor y me acerco a el, saltandome los principios ¡corro, encuentro! 
y aqui os dejo esta muestra. Lo que he escudriñado ... me gusta.

Sonetos de septiembre

I]

De vuelta del paréntesis de agosto
en las playas del sur cerré mi nido
rescatando, entre todo lo perdido,
memorias del olvido a bajo costo.

Ni Elvis ni Borges ni Brassens ni Ariosto
pero con fácil pluma y buen oído
vuelvo a contar a gritos lo vivido
con esa mala voz que desimposto.

Bajo presión me gano las lentejas
empezando la jaula por las rejas
la noche sigue siendo el primer día.

Ahogo en tinta tanto desamparo,
entre Obama y Mc Cain lo tengo claro
ahora no está escrito todavía.

II]

Un cuaderno no es una carretera
ni una página en blanco un escenario
ni un alivio de luto un inventario
ni un otoño caliente primavera.

Sin fuerzas para izar otra bandera
que no fuera la negra del corsario
retomo lenguaraz epistolario
entre Rota y Jerez de la Frontera.

Las evas de diseño y los adanes
de gimnasio llenan las estaciones
del siglo veintiuno y sus ruinas.

Por las aceras hierven huracanes,
se cansan de volar los aviones,
enferman las oscuras golondrinas.

La niña de mis ojos

Pobre de aquel que aún mirando nada ve,
que aún sintiendo nada siente,
y aún entendiendo nada entiende,
pobre, pobre de aquel...
Ay, del poeta que está tan ciego
que ve su gloria y no a su pueblo,
ay de esa copla que es tan canalla
que sólo suena si le pagan.
Ay de esa letra que es tan cobarde,
un mensajero sin un mensaje.


Fragmento de la presentacion de La niña de mis ojos, comparsa gaditana escrita por Antonio Martinez Ares. Toda ella es una maravilla de sensibilidad.

Bandoneón

me jode confesarlo
pero la vida es también un bandoneón
hay quien sostiene que lo toca dios
pero yo estoy seguro que es troilo
ya que dios apenas toca el arpa
y mal

fuere quien fuere lo cierto es
que nos estira en un solo ademán purísimo
y luego nos reduce de a poco a casi nada
y claro nos arranca confesiones
quejas que son clamores
vértebras de alegría
esperanzas que vuelven
como los hijos pródigos
y sobre todo como los estribillos

me jode confesarlo
porque lo cierto es que hoy en día
pocos
quieren ser tango
la natural tendencia
es a ser rumba o mambo o chachachá
o merengue o bolero o tal vez casino
en último caso valsecito o milonga
pasodoble jamás
pero cuando dios o pichuco o quien sea
toma entre sus manos la vida bandoneón
y le sugiere que llore o regocije
uno siente el tremendo decoro de ser tango
y se deja cantar y ni se acuerda
que allá espera
el estuche.

Mario Benedetti




Otoño

Llega el otoño,
El otoño del ayer
el otoño del mañana.
llega el otoño
como pasan bandadas
de pájaros hacia el sur.


Llega el otoño,
tiempo de reflexión,
tiempo de asunción de realidades.
Llega el otoño,
cuerpos cubiertos,
sol que adormece

Llega el otoño
para cerrar el circulo
que un día se abrió en la vida
Llega el otoño
para plantar distancias
en el día a día

Llega el otoño
miro por la ventana
los arboles danzar al viento
llega el otoño
y la lluvia se avecina
tras esas nubes negras

Cuerpo a la Vista

Y las sombras se abrieron otra vez y mostraron un cuerpo:
tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar,
tu boca y la blanca disciplina de sus dientes caníbales, prisioneros en llamas,
tu piel de pan apenas dorado y tus ojos de azúcar quemada,
sitios en donde el tiempo no transcurre,
valles que sólo mis labios conocen,
desfiladero de la luna que asciende a tu garganta entre tus senos,
cascada petrificada de la nuca,
alta meseta de tu vientre,
plata sin fin de tu costado.

tus ojos son los ojos fijos del tigre
y un minuto después son los ojos húmedos del perro.

Siempre hay abejas en tu pelo.

Tu espalda fluye tranquila bajo mis ojos
como la espalda del río a la luz del incendio.

Aguas dormidas golpean día y noche tu cintura de arcilla
y en tus costas, inmensas como los arenales de la luna,
el viento sopla por mi boca y su largo quejido cubre con sus dos alas grises

la noche de los cuerpos,
como la sombra del águila la soledad del páramo.

Las uñas de los dedos de tus pies están hechas del cristal del verano.

Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida,
bahía donde el mar de noche se aquieta, negro caballo de espuma,
cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro,
boca del horno donde se hacen las hostias,
sonrientes labios entreabiertos y atroces,
nupcias de la luz y la sombra, de lo visible y lo invisible
(allí espera la carne su resurrección y el día de la vida perdurable)

Patria de sangre,
única tierra que conozco y me conoce,
única patria en la que creo,
única puerta al infinito.

Es hora ya de levantar el vuelo...

Es hora ya de levantar el vuelo,
corazón, dócil ave migratoria.
Se ha terminado tu presente historia,
y otra escribe sus trazos por el cielo.

No hay tiempo de sentir el desconsuelo;
sigue la vida, urgente y transitoria.
Muda la meta de tu trayectoria,
y rasga del mañana el hondo velo.

Si el sentimiento, más desobediente,
se niega al natural imperativo,
álzate tú, versátil y valiente.

Tu oficio es cotidiano y decisivo:
mientras alumbre el sol, serás ardiente;
mientras dure la vida, estarás vivo.

Recursos Blog & Web

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"He aquí que el silencio fue integrado
por el total de la palabra humana,
y no hablar es morir entre los seres:
se hace lenguaje hasta la cabellera,
habla la boca sin mover los labios,
los ojos de repente son palabras...

...Yo tomo la palabra y la recorro
como si fuera sólo forma humana,
me embelesan sus líneas
y navego en cada resonancia del idioma..."

Pablo Neruda
(Chile, 1904 -1973)

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