Hay vueltas
en los viajes
y en la vida
hay también destrozos,
giros inesperados,
arrepentimientos
fuera de plazo.
Podría otra vez,
ahora que llamas a la puerta
de la amistad flaca,
poner la otra mejilla,
a riesgo de un buen tiempo,
de otra tormenta
donde a mí me parten los rayos.
Podría, como digo,
poner la otra mejilla,
pero cada vez tengo más claro
que las hostias gratuitas
ni me hacen más mujer,
ni más amante,
y que simplemente,
me dejan más débil para afrontar
el siguiente desafío.